*** Iván R, Castrillo C.
En Tarija - Bolivia, como en otras regiones o municipios del país, se ha optado por brindar espectáculos gratuitos al público en general, iniciativa que ha partido de las autoridades municipales como de las gobernaciones, esta decisión va en desmedro y perjuicio del propio artista, ya que la población debe aprender que el Arte o el artista debe recibir una compensación pecuniaria por su trabajo, el hecho de que sea artista no significa que no come o que no debe percibir un ingreso.
Actualmente, la cultura en su conjunto es tratada por la sociedad como un bien público, situación que le causa mucho daño a los artistas creativos, dado que les niega al menos dos (2) derechos fundamentales: el reconocimiento de su actividad como un trabajo legítimo y una remuneración adecuada. Al mismo tiempo, se le niega a la sociedad el progreso a artistas, creativos y todo lo que su cadena de valor puede aportarle.Por otro lado, la población también debe aprender a consumir cultura pero pagando por la misma, como paga por cualquier bien o servicio en el que busca algún tipo de satisfactores, debemos también como artistas, educar a la población, enseñarle a apreciar el Arte, no solo prestando sus sentidos, sino, tocando su bolsillo o billetera.
Se hace necesario acabar con la “gratuidad” de espectáculos de arte, salvo que sean callejeros, es decir, en plazas, parques o calles y avenidas, la gratuidad de los espectáculos de Arte le hace tremendo daño al artista, lo desvaloriza y desvaloriza lo que hace y lo que es en esencia.La “gratuidad” no puede beneficiar a todos los artistas, no podría hacerlo, entonces beneficia a solo a una parte de ellos; tampoco puede beneficiar a toda la población, entonces, también beneficia solo a una pequeña parte de ella, sin considerar, la limitada capacidad que tienen las instituciones como la Alcaldía y la Gobernación para publicitar, difundir y promocionar sus actividades que lleve a una participación masiva de la población.
La “gratuidad” utiliza parte de los recursos que aportamos todos, del presupuesto total que tienen, tanto la Alcaldía como la Gobernación, se asigna una parte para poder realizar éstos espectáculos gratuitos, por lo tanto, el gasto en espectáculos gratuitos no se distribuye adecuadamente y no es equitativo en el gasto.
Esto de ninguna manera justifica el hecho de que instancias como el Estado, la Gobernación y la Alcaldía, no deban invertir en el desarrollo de actividades artísticas que beneficien a todos los artistas, aspecto que sí es posible lograrlo, no así, conseguir la participación de toda la población, siempre habrá quienes se beneficien y quienes no lo hagan, tal vez nunca.
Entonces, la “gratuidad” es selectiva, o la hacen selectiva las autoridades y funcionarios públicos de turno, con el pretexto de que se beneficia a la población sin discriminación alguna, pero también a nombre de la “gratuidad” se beneficia a unos grupos de artistas y a otros no, es decir, la gratuidad es también selectiva, es discriminatoria y por lo tanto, es también perversa.
La “gratuidad” beneficia, pero también menosprecia, crea desigualdad, es inequitativa, y con seguridad se da con mayor propensión lo último que lo primero.
En Tarija - Bolivia, como en otras regiones o municipios del país, se ha optado por brindar espectáculos gratuitos al público en general, iniciativa que ha partido de las autoridades municipales como de las gobernaciones, esta decisión va en desmedro y perjuicio del propio artista, ya que la población debe aprender que el Arte o el artista debe recibir una compensación pecuniaria por su trabajo, el hecho de que sea artista no significa que no come o que no debe percibir un ingreso.
Actualmente, la cultura en su conjunto es tratada por la sociedad como un bien público, situación que le causa mucho daño a los artistas creativos, dado que les niega al menos dos (2) derechos fundamentales: el reconocimiento de su actividad como un trabajo legítimo y una remuneración adecuada. Al mismo tiempo, se le niega a la sociedad el progreso a artistas, creativos y todo lo que su cadena de valor puede aportarle.Por otro lado, la población también debe aprender a consumir cultura pero pagando por la misma, como paga por cualquier bien o servicio en el que busca algún tipo de satisfactores, debemos también como artistas, educar a la población, enseñarle a apreciar el Arte, no solo prestando sus sentidos, sino, tocando su bolsillo o billetera.
Se hace necesario acabar con la “gratuidad” de espectáculos de arte, salvo que sean callejeros, es decir, en plazas, parques o calles y avenidas, la gratuidad de los espectáculos de Arte le hace tremendo daño al artista, lo desvaloriza y desvaloriza lo que hace y lo que es en esencia.La “gratuidad” no puede beneficiar a todos los artistas, no podría hacerlo, entonces beneficia a solo a una parte de ellos; tampoco puede beneficiar a toda la población, entonces, también beneficia solo a una pequeña parte de ella, sin considerar, la limitada capacidad que tienen las instituciones como la Alcaldía y la Gobernación para publicitar, difundir y promocionar sus actividades que lleve a una participación masiva de la población.
La “gratuidad” utiliza parte de los recursos que aportamos todos, del presupuesto total que tienen, tanto la Alcaldía como la Gobernación, se asigna una parte para poder realizar éstos espectáculos gratuitos, por lo tanto, el gasto en espectáculos gratuitos no se distribuye adecuadamente y no es equitativo en el gasto.
Esto de ninguna manera justifica el hecho de que instancias como el Estado, la Gobernación y la Alcaldía, no deban invertir en el desarrollo de actividades artísticas que beneficien a todos los artistas, aspecto que sí es posible lograrlo, no así, conseguir la participación de toda la población, siempre habrá quienes se beneficien y quienes no lo hagan, tal vez nunca.
Entonces, la “gratuidad” es selectiva, o la hacen selectiva las autoridades y funcionarios públicos de turno, con el pretexto de que se beneficia a la población sin discriminación alguna, pero también a nombre de la “gratuidad” se beneficia a unos grupos de artistas y a otros no, es decir, la gratuidad es también selectiva, es discriminatoria y por lo tanto, es también perversa.
La “gratuidad” beneficia, pero también menosprecia, crea desigualdad, es inequitativa, y con seguridad se da con mayor propensión lo último que lo primero.