El Arte es tan milenario como el origen del hombre, las cavernas que habitaba el hombre ya estaban plagadas de obras de arte, llamadas actualmente “pintura rupestre”; más tarde la Grecia clásica desde otro ángulo, ha tenido las consideraciones morales sobre los seres humanos en sociedad y las manifestaciones artísticas que los mismos han creado para dignificar y significar los logros alcanzados por la humanidad en el transcurso del tiempo.
Los derechos humanos se asientan sobre la base de principios éticos fuertemente arraigados en la cultura universal, y esos principios éticos han sido trasladados a innumerables obras artísticas.
El Arte es un extraordinario recurso de sensibilización en la causa de la justicia en el marco de los derechos humanos. El derecho a la libertad de expresión artística es un aspecto fundamental de los derechos culturales. Este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole “en forma artística”, el derecho “a gozar de artes” y de la creatividad de los otros y comprende también obligaciones por los Estados de respetar la indispensable libertad para la creatividad.
Los Estados deben revisar críticamente sus leyes y prácticas que imponen restricciones al derecho a la libertad de expresión y creación artística, tomando en consideración las obligaciones de los Estados a respetar, proteger y hacer efectivo este derecho. Asimismo, se requiere urgentemente debatir más sobre varias de las esferas vinculadas al arte y la cultura.
Las actividades que se realizan en el ámbito del arte y la cultura pueden ayudar considerablemente a crear, desarrollar y preservar sociedades en las que hagan efectivos, cada vez más, todos los derechos humanos.
Es necesario que las personas se relacionen por medio de la expresión artística y cultural, las actividades culturales pueden abrir un espacio en el que las personas o grupos reflexionen sobre su sociedad, comparen y modifiquen las ideas que tienen unos respecto a los otros, expresen sus temores y sus quejas de manera no violenta, adquieren resilencia después de haber sufrido experiencias violentas o traumáticas, como violaciones de sus derechos, e imaginen el futuro que desean para sí mismos y la mejor manera de hacer efectivos los derechos humanos en la sociedad en la que viven. Las interacciones sociales, la comprensión y la confianza mutua más intensa que se puede forjar o reconstruir por medio de esas iniciativas son esenciales para cumplir una serie de objetivos de derechos humanos y lograr que se respete la diversidad cultural.
El poder transformador del arte y la cultura radica en la naturaleza de la experiencia estética, que liga las facultades cognitivas con los sentidos y las emociones y crea, de este modo, unas plataformas que brindan muchas posibilidades de aprender, reflexionar, experimentar y aceptar la complejidad. Las prácticas artísticas y culturales pueden ofrecer unas experiencias constructivas y no coactivas de creación de significados y empoderamiento que ayuden a cumplir una gama más amplia de objetivos de derechos humanos. Las iniciativas artísticas y culturales ofrecen instrumentos para comprender el sufrimiento y medios de expresión a las personas, los grupos de personas y la sociedad en su conjunto y, por tanto, pueden ayudar a aumentar la capacidad de recuperarse de las vulneraciones de los derechos humanos.
La cultura es importante para la cohesión social y la resiliencia, para el desarrollo económico y la sostenibilidad, para el diálogo y el entendimiento mutuo.
Las autoridades públicas, los gobiernos nacionales y locales, tienen el deber legal de garantizar la participación en la cultura, consagrado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y demás tratados y convenciones internacionales. En colaboración con los actores y agentes de la sociedad, deben establecer políticas efectivas y dotarlas de recursos suficientes para cumplir con esas obligaciones, pues de lo contrario, sus promesas serían meramente retóricas. Una ciudad que trabaja por una democracia cultural, debe cumplir con su deber de apoyar a sus habitantes en: DESCUBRIR sus raíces culturales, para que todas las personas puedan reconocer su patrimonio, identidad y lugar en la ciudad, así como comprender los contextos de los demás; CREAR expresiones culturales, para que puedan formar parte de la vida de la ciudad y enriquecerla; COMPARTIR culturas y creatividad, para que la vida social y democrática avance con el impulso del intercambio; DISFRUTAR de los recursos y espacios culturales de la ciudad, para que todas las personas puedan inspirarse, educarse y renovarse; PROTEGER los recursos culturales comunes de la ciudad, para que todas las personas puedan beneficiarse de ellos, tanto ahora como en los años venideros.
La Carta de Roma 2020 propone una ciudad más inclusiva, democrática y sostenible. Su éxito está en las manos de todos y todas los que aquí viven.